Los museos se suman a la fiesta del Bicentenario

Muestra Patrimonial

Hoy a las 19, en la nave central del Pasaje Dardo Rocha, 50 entre 6 y 7, con entrada libre y gratuita, quedará inaugurada la muestra "Un viaje por el tiempo", que propone un recorrido por 200 años de historia a través del patrimonio de los museos. La exposición cuenta con la organización conjunta del Instituto Cultural de la Provincia, la Secretaría de Cultura y Educación de la Municipalidad de La Plata y la Asociación Civil Musas.

La inauguración de la muestra patrimonial, que incluye piezas de museos de La Plata, Berisso, Ensenada y Magdalena, contará con la presencia del intendente Pablo Bruera, el secretario de Cultura y Educación, Iván Maidana, la presidenta de la Asociación Civil Musas, Cristina Avinceta, y autoridades del Instituto Cultural de la Provincia.

La muestra permanecerá abierta hasta el sábado 29 de mayo, día en que se llevará a cabo "Una Noche en los Museos: Patrimonio Cultural y Bicentenario", que como en años anteriores permitirá al público recorrer los museos de la región, contando con visitas guiadas y servicio de transporte gratuito.

Fuente: El Día

Barrileteada bicentenaria en Plaza Malvinas

La Plaza Islas Malvinas se tiñó ayer de celeste y blanco bajo el vuelo de decenas de barriletes con los colores patrios, en el marco del programa "Bicentenario Escolar" que impulsa el municipio.

Estudiantes y docentes del Normal Nº1 "Mary O'Graham" remontaron desde las 13,30 los armazones de madera y papel encerado, decorados por los jóvenes con banderas y diferentes tonalidades de celeste. La movida le puso energía y color a una tarde gris y fría, concitando la atención de vecinos y ocasionales transeúntes en el paseo comprendido entre 19, 20, 50 y 54.

Las actividades del "Bicentenario Escolar" están incluidas en el cronograma de "El Municipio va a la Escuela", una iniciativa de la jefatura de gabinete local -cuyo titular es Santiago Martorelli- que tiene como objetivo festejar el 200º aniversario de la Revolución de Mayo junto a los alumnos de los establecimientos educativos platenses.

Tanto Martorelli como el director general de Educación local, Nicolás Dalesio, participaron en la "Barrileteada en Celeste y Blanco" con autoridades de la EPB Nº127 e integrantes de las Casas del Niño de Melchor Romero, Rojas, General Belgrano y Abasto.

La programación de "El Municipio va a la Escuela" prevé para hoy la realización de un "escarapelazo" en Plaza Moreno. El espacio verde central del casco urbano se poblará con chicos de diferentes colegios que entre las 14 y las 16 lucirán el símbolo que dos siglos atrás hizo inmortales a French y Beruti.

Fuente: El Día

Se estrena "La gran magia" dirigida por Daniel Suárez Marzal.

Con un elenco encabezado por Víctor Laplace, Gustavo Garzón, Karina K y Sandra Ballesteros, pasado mañana subirá a escena la pieza de Eduardo Di Filippo

Por Laura Ventura
Para LA NACION

El hechicero Daniel Suárez Marzal apura la poción que se cocina en el caldero del Teatro Alvear. El conjuro es de Eduardo Di Filippo, el mismo que le dio vida a la inmortal Filomena Marturano . Poseídos y en tranc e, danzan en corro Víctor Laplace, Gustavo Garzón, Karina K y Sandra Ballesteros. Abracadabra, pasado mañana se estrenará La gran magia .

En un balneario italiano veranean Calogero (Garzón), un hombre enfermo de celos, y su sensual esposa Marta (Ballesteros). Una noche concurren al espectáculo del mago trashumante Otto (Laplace), secundado por su mujer Zaira (Karina K), y el resultado de un truco sorprende incluso al mismo ilusionista: Marta, voluntaria de un número del show, ingresa en un sarcófago, su tapa se cierra, pero nunca más regresa a escena. El paño se la ha tragado.

La pieza se estrenó en la década del cuarenta, pero en 1987 logró la popularidad gracias a la varita de Giorgio Strehler, en el Piccolo de Milán, quien quiso demostrar que Di Filippo era, luego de Luigi Pirandello, el máximo dramaturgo italiano del siglo XX. Suárez Marzal asistió a aquella versión y a la que el año pasado se montó en la célebre Comédie-Française, y elaboró la propia para la avenida Corrientes. "Dios no cree en la ilusión como el mago no cree en sus trucos", cita Suárez Marzal una frase que Di Filippo tomó del sagrado libro hindú Bhagavad-Gita. "Hay mentiras sin las que el hombre no podría vivir, son esenciales, e incluso creadas por él mismo", resume con otras palabras el realizador, y destaca también el componente borgeano del texto, pues un mago está sujeto a los designios de otro superior.

La aventura de la palabra

Gustavo Garzón confiesa que en su larga carrera es la primera vez que aprende un texto de memoria: "Siempre tuve problemas con los directores. Había entendido que la letra no es muy importante. Nunca actuaba en los ensayos, porque me la pasaban intentando aprender la letra. En cambio, esta experiencia fue más relajada".

Suárez Marzal también tuvo a cargo la traducción de este texto escrito en dialecto napolitano, y lo "aporteñó". El personaje de Garzón pronuncia un profundo monólogo que despide la representación. "Mi criatura atraviesa una enorme modificación a lo largo de la obra. Empieza sin luz, oscuro, apresado, posesivo, hasta que arriba a una comprensión muy distinta de la vida. En esa locura, logra también libertad", explica.

Laplace, quien ya lleva más de diez obras junto con Suárez Marzal, interpreta al mago Otto Marvuglia: "Este personaje tan lumpen, entre aventurero y desesperado, cuestiona la idea del tiempo, la existencia, en una convivencia con la muerte y con la alegría", resume. Se trata de un farsante que vive una vida sin brillo hasta que llega a un hotel lujoso a orillas del Mediterráneo para cautivar a los veraneantes. Este ilusionista ha creado además "la multiplicación geométrica del aplauso", un truco que alimenta su ego durante cada función, una grabación capturada en una plaza pública después de la intervención de Mussolini. En una obra que cuestiona la realidad y sus múltiples capas, Di Filippo rompe con la cuarta pared y es muy claro en la didascalia: "El verdadero público se debe confundir con el mar". Suárez Marzal trabajó junto con el iluminador Manuel Garrido para crear ese efecto.

Dos brujas enamoradas

Con su destreza única y su impecable voz, que deslumbró a los espectadores de Cabaret y Souvenir , Karina K cantará tres tangos y le dará vida a Zaira, "una mujer vulgar que admira, pero que no comprende a su marido, atada a él por una desarmonía esencial, una mujer que no es feliz", describe a su criatura, que vive en un conventillo de Nápoles. Karina Moccio, su verdadero nombre, de origen calabrés, pasea en bambalinas con su risa y acaricia un canario apichonado, que integrará la puesta. "Hay algo de cada uno de estos personajes que saldrá de su propia jaula."

El otro rol femenino es el de Ballesteros, seducida por el componente místico de La gran magia . "Marta está cautiva por otro ego y busca una válvula de escape. Creo que ella quiere a su marido, pero tiene una cuenta pendiente con la vida." La actriz, que define a esta obra como "profundamente vital", encarna a una enigmática criatura que guarda en su manga un gran golpe de efecto.

Ni patas de rana ni culebras ni colas de conejo. Luis Longhi, Coni Marino, Carlos Weber y Marcelo Xicarts, Rubén Ballester, María Alejandra Bonetto, Ana María Castel, Pedro Ferraro, Guillermo Kuchen, Valentín Pauls, Gabriel Rosas, Diana Santini y Anabella Simonetti también integran esta pieza ambientada en la Italia de posguerra. Además del absurdo, el grotesco, la Commedia dell´Arte y el drama, la pócima se mezcla con el vestuario de Renata Schussheim y la escenografía de Jorge Ferrari.

PARA AGENDAR

La gran magia , pieza de Eduardo Di Filippo, dirigida por Daniel Suárez Marzal.

Teatro Presidente Alvear , Av. Corrientes 1659. De miércoles a sábados, a las 21; domingos, a las 19.30. Desde $ 25.

Fuente: La Nación

Cuando las palabras huyen de la música

Excelentes intérpretes

En la obra se destacan Germán Tripel y Melania Lenoir

Los últimos cinco años . Libro, letras y música: Jason Robert Brown. Traducción y adaptación: Clara Canale y Juan Alvarez Prado. Con Melania Lenoir y Germán Tripel. Escenografía: Santiago Tato Fernández. Vestuario: Alejandra Robotti. Sonido: Rodrigo Lavecchia. Traducción y adaptación: Clara Canale y Juan Alvarez Prado. Dirección vocal: Clara Canale. Dirección musical: Hernán Matorra. Dirección general: Juan Alvarez Prado. En la Ciudad Cultural Konex. Duración: 90 minutos.
Nuestra opinión: regular

Los últimos cinco años se estrenó en el o ff Broadway en 2002 y es de esos musicales alternativos que pueden aspirar a convertirse en obras de culto. Así ocurrió en el país del Norte. Aquí, tal vez, hubiera tenido la misma suerte si no fuera por una pésima adaptación que opaca sus muchas virtudes.

Jason Robert Brown es el autor del libro, las letras y la música de esta historia de amor narrada en dos direcciones. Jamie cuenta esa relación de cinco años desde el comienzo, mientras que Cathy realiza el recorrido a la inversa, a partir del momento en que deciden separar sus caminos.

La idea es genial. El libro, aunque es muy sencillo, resulta atípico, innovador y desafiante. Pero lo más rico de esta obra es su joven partitura. Transita por un amplio abanico de ritmos (pop, rock, jazz, latino) y posee toda la teatralidad que le falta al decir. La impecable banda en escena, dirigida por Hernán Matorra, es un gran punto a favor.

Los mayores problemas de Los últimos cinco años están en la adaptación y en la dirección, en manos de Juan Alvarez Prado. En las letras en español de este musical, prácticamente las rimas son inexistentes y las palabras parecen escaparse de las melodías. Cada verso se ve forzado y sólo los intérpretes logran rescatarlas y hacer un poco saboreable aquello que no lo es. Es que, en una canción, una palabra fuera de lugar es peor que una nota desafinada.

Germán Tripel y Melania Lenoir son dos intérpretes magníficos y son ellos el principal valor de esta propuesta. Con juegos vocales y habilidad, logran disimular esas incómodas construcciones. Pero al montaje casi de cámara le falta teatralidad y sus escenas se ven estáticas. En ese sentido, los intérpretes tienen pocos elementos como para hacer suceder la trama cruzada.

Una lástima porque se trata del trabajo de un nuevo realizador. Pero es su primer paso en un trabajo grande y, seguramente, tendrá muchas nuevas oportunidades para demostrar su evolución.

Pablo Gorlero
Fuente: La Nación

Los Sutottos y la puesta de "Colapso", su cuarta obra

Nuevas variaciones sobre el caos

El dúo formado por Andrés Caminos y Gadiel Sztrik, con Andrés Serebrenik como co-director, propone “un tiroteo de números”: la fila de un banco, la escuela, el subte, la oficina, la calle y hasta el Paraíso son posibles escenarios para que el desastre se desate.

Por Facundo Gari

Cuando Roberto Gómez Bolaños equiparó el humor con la comida, Los Sutottos tomaron nota. “Una ensalada o una milanesa con papas fritas llenan, pero mientras la primera cae siempre bien, la segunda puede hacer mierda un estómago.” En esa sensata ocurrencia del “referente” mexicano está la esencia del dúo conformado por Andrés Caminos y Gadiel Sztrik, desde su origen en 2005 hasta la puesta de su cuarta obra teatral, Colapso –co-dirigida junto con Andrés Serebrenik–, los sábados a las 23 en Ciudad Cultural Konex (Sarmiento 3131). Es que “hay porquerías con las que el público se ríe un poco; pero al dejar el teatro, el gran momento pasa”, sostiene Caminos. Por el contrario, pretenden “que el humor sea un vehículo para llegar a la reflexión del espectador”, secunda Sztrik. El afán está puesto en “contar” a través de un “lenguaje propio”, más allá de los membretes que puedan caberles por coquetear con el clown, la improvisación y la música. Tal fue el mush-up que sorprendió a un público creciente la temporada pasada en Sujeto tácito, que contó con la colaboración artística de su maestro Daniel Casablanca, de Los Macocos.

“Un montón de gente pregunta qué hacemos. Y es como con la ropa: te vestís como querés y te examinan: ‘¿Rolinga? ¿Emo? ¿Punk?’. Usamos lo que queremos y eso es lo interesante”, zanja Serebrenik. Para una muestra que sirva de guía resulta potable youtubear el nombre del dúo y dar con un video que reúne algunos de los mejores momentos de su obra anterior: se pueden ver una suerte de taxistas con mostacho en una charla de café, un sketch sobre los usuarios de mensajería instantánea y algo del teatro físico y el registro coral que los también dramaturgos utilizan en sus puestas. O atender a cierta similitud que Damián Dreizik encontró entre Los Sutottos y Los Melli, dúo que conformaron aquél y Carlos Belloso allá por inicios del menemato. O a que en sus inicios fueron dirigidos por Roberto Saiz, creador del legendario grupo Los Volatineros.

Claro que también es posible aventurarse a presenciar su nueva criatura, un “tiroteo de números” bajo el concepto que da nombre al espectáculo, pero en situaciones diversas: la fila de un banco, la escuela, el subte, la oficina, la calle y hasta el Paraíso son posibles escenarios para que el caos se desate y sus protagonistas, desde niños en guardapolvo hasta querubines de camisa y corbata, liberen su tirria. “Nuestra realidad cotidiana, no personal sino social, cada vez tarda menos en colapsar”, observa Sztrik en la charla con Página/12.

–¿La obra es un cúmulo de situaciones que vivieron?

Gadiel Sztrik: –Puede que sí como que no. Tenemos una forma de trabajar en la que el ensayo es muy libre; lo que anda circulando en nuestras vidas, aparece. Es un espacio que tomamos para que la realidad surja con un poco más de juego mediante. Entonces, esa realidad se modifica. Yo no conozco ningún nene como los que aparecen en la obra, pero a la vez sí.

Andrés Caminos: –Y no es una cuestión propia de los argentinos, sino del mundo. Tampoco es de cada persona. Es lo social, está entre nosotros la posibilidad de que en cualquier momento se vaya todo al carajo. Estamos metidos en una bola, como en la imagen del subte lleno, donde las personas se meten cada vez más y más adentro. Apretados, uno dice: “¡Cuánto cariño que hay acá!”. Y es que hay algo de eso que ya está aceptado. Nuestra manera de contarlo es riéndonos.

–¿Por qué su interés por lo social antes que por lo político?

G. S.: –No nos interesa que lo que hacemos sea reconocible, que alguien diga: “¡Ah, es Menem!”. Nos interesan las personas a las que les están pasando cosas.

A. C.: –En Sujeto tácito había unos porteños con bigotes y mucho humor, pero la gente se reía de ellos desde otro lado. “¡Yo una vez vi un tipo de éstos!” En Colapso, el representado soy yo, somos todos. Y eso habla de la vulnerabilidad del ser, que no es que está atacado, ya no nos reímos de otro. Al contrario, porque a todos nos pasan cosas y nos calentamos, estamos metidos en el quilombo. Con lo político terminaríamos cayendo en un “la culpa es de tal”.

Andrés Serebrenik: –Estamos más concentrados en la jugada que en el gol. Es más de pizarrón. Incluso, al hacer la obra, nos dimos cuenta de que el momento del colapso no era lo más interesante.

G. S.: –En la obra hay muy pocos momentos en los que verdaderamente una persona explota. Colapso es la gota que va a rebalsar el vaso. La gota cae y cae durante una hora y pico de show. Pero cuando llega, se apaga la luz.

–Los ángeles que interpretan, tan parsimoniosos aunque doctrinarios, ¿son el contrapunto de todo ese caos?

G. S.: –Cuando tuvimos el material, nos pareció que era una bomba. “¿Quién se va a bancar esto?” Después fuimos minimizando la tensión a través del juego. Pero cuando aparecieron los ángeles en un ensayo, nos pareció que era una buena manera de bajarle un tono al espectáculo. Lo que ocurre es que también lo que dicen ellos es terrible. No es otra cosa que un colapso poético.

A. S.: –Pareciera que de este colapso urbano hay derivados: hacia abajo los nenes, y hacia arriba el mandato de los ángeles.

–¿Cómo dosifican humor y reflexión?

A. S.: –No hay una búsqueda de reírse de la realidad, sino de retratarla con las herramientas que tiene el grupo. Y dentro de ellas encontramos una forma de contarla desde el humor.

G. S.: –Primero nos ponemos serios y pensamos qué queremos contar, con responsabilidad. De hecho, una vez que tenemos terminado el texto, debatimos si decimos tal palabra. Pero en general hacemos teatro popular, para todo el mundo. Y el humor, dentro de eso, aparece por el código del grupo. Porque hasta ahora no tomamos obras que escribieron otros. Lo que queremos decir se acopla mucho a lo que queremos actuar.

A. C.: –El humor es un mimo para que la gente entre. Nunca nos ponemos como meta hacer reír. Además, el tipo de humor que hacemos tiene que ver con un juego corporal, de ritmos. Puede haber algunos gags, pero va sucediendo. A veces produce risa, también, el reconocimiento de situaciones.

G. S.: –De hecho, en este espectáculo la gente se ríe del quilombo que ve sobre el escenario. La realidad queda sobrepasada, deformada.

–¿Por qué hablan de un “grupo”?

A. C.: –Tenemos un sentido grupal. Nuestra obra no es la de un elenco con un director que elige actores. Es un proceso de sinceridad grupal, más horizontal. En ese sentido, nos divertimos arriba del escenario. Y algo hay de “vamos a ver a estos pibes que la pasan bien”. En esa nobleza para compartir un placer habita algo del humor. En pasarla bien, no en el sentido chabacano sino como un “vamos a vivir una fiesta”.

G. S.: –Acá, el proceso de armado tiene más que ver con un lindo vómito que con algo ordenado.

A. S.: –Es un caos, pero también un proceso de amigos. Ellos proponen cosas y son los que traen el mundo. Luego sumamos, quitamos, pero nos tomamos un período para dar vueltas y llegar de la mejor manera.

G. S.: –En este cuarto espectáculo se sumó en la dirección de arte Fernando Dopazo. Ahora es uno más de la barra.

A. S.: –Entendemos que todos tenemos algo para decir. Es interesante sumar y no hacer “hasta acá”, porque las cosas se empiezan a fraccionar.

–A la hora de idear un nuevo espectáculo, ¿pesó haber sido señalados como una de las revelaciones de la temporada pasada?

G. S.: –El primer espectáculo (Sutottos) lo hicimos de guapos. El segundo (Rococcó amplagued), en un momento no muy bueno para el grupo. El tercero (Sujeto tácito) nos explotó en las manos, no esperábamos que pase lo que pasó. Y sí, luego tuvimos un fantasma con un hacha en la espalda...

A. C.: –Vino mucha gente y salieron críticas buenas. Cuando terminó todo, dijimos: “¿Y ahora?”.

–Y ahora con Colapso, como dicen los ángeles en tono burgués, están “hechos”...

G. S.: –¡No, todavía falta un montón!

Fuente: Página 12