Bin Laden Muerto Telesur


Era domingo a la noche y Bin Laden había terminado de ver “Cricket Para Todos”, en el campeonato Clausura Alí Jinnah. Estaba aliviado porque ya no tenía que soportar la publicidad oficial que a cada rato promocionaba los 135 años del nacimiento del gran descolonizador, cuando se acordó del programa que le había recomendado su amigo Thudor Popovich, que ese día lo había llamado para que grabara un spot pidiéndole a la cadena de canales Al Jazzera que incluya en su grilla a Telesur.
Apenas unas horas antes de que Baraka Obama saliera en cadena mundial para anunciar que su Ejército de Liberación Democrática se había cargado al mismísimo líder de Al Qaeda, éste se encontraba en su casona pakistaní, recontra hinchado las pelotas porque ya había empezado el programa “Dossier”, en la señal venezolana Telesur, y todavía no lograba sintonizarlo con su televisor HD de 85 pulgadas que sacó en 50 cuotas, en Hammad Garcharino, para el mundial de fútbol del año pasado.
Los minutos pasaban y Bin Laden seguía pidiéndole a uno de sus soldados que apuntara bien la antena hacia el sudoeste y la budinera al noreste. “Ya lo voy a agarrar al ferretero ese que me chamuyó con que iba a poder ver todos los canales del mundo con esa garcha de antena”, dijo Osama malhumorado, mientras comía las torrejitas de arroz que le había preparado una de sus jermus. Pero no había caso, era más fácil sintonizar el Venus Al Jazzera que mirar la señal venezolana.
En un arrebato de bronca, Osama hizo volar por los aires la fuente con torrejitas y se calzó al hombro una ametralladora que sacó de entre los almohadones del sillón. “A ver, che, bajate de ahí y quedate al lado de la tele mirando si agarra la señal”, le dijo Bil Laden a su soldado, que bajó temeroso por la escalera. Cuando llegó frente a su líder, éste le asestó un castañazo en el pañuelo envuelto que llevaba en su cabeza. Osama acomodó en la espalda la ametralladora, subió la escalera, se trepó por el techo, y miró el cielo estrellado de la noche pakistaní.
Ahí estaba, colgado del caño que sostenía la antena universal, pelando los cables con uno de sus cuchillos, cuando un detector satelital de barbas terroristas del imperio yanqui descubrió que había dado con el paradero de su ex aliado, y fue cuestión de segundos para que un avión caza no tripulado diera con su objetivo. Esa fue la última vez que Bin Laden intentó corregir el curso, no ya de la Historia con mayúscula, sino de una señal televisiva. Lo demás es historia, con minúscula, conocida.