Improvisando una Oktoberfest en casa.



Como seguramente ya sabréis, ayer finalizó la conocida Oktoberfest muniquesa, un evento del que ya os hablamos brevemente en éste post hace un par de semanas. En la citada entrada también os comentamos que buscando por aquí y por allá nos habíamos hecho con un pequeño cargamento de cervezas alemanas para, a diferencia de años anteriores, celebrarlo en la tranquilidad del hogar. De todas ellas ha habido varias y muy gratas sorpresas que he pensado en compartir brevemente con vosotros.

La primera y probablemente una de las que más satisfechos nos dejó fue la Ayinger Jahrhundert, algo que pensándolo un poco tampoco debería extrañar a nadie viendo la maravillosa Doppelbock que también elabora esta cervecera bávara. En este caso se trata de una Helles bock en la que destaca a partes iguales un dueto cereal y cítrico impecable, con un buen cuerpo para sus 5,5% de alcohol. Una cerveza muy pero que muy bien balanceada para tomar infinitamente y no cansarse nunca.



A continuación, dos representantes de un estilo que desgraciadamente no se prodiga en exceso por nuestras latitudes y que más me enamora a medida que lo voy probando: las Kellerbier. La primera, Göller Kellerbier, con un marcado carácter cereal y a levadura, tremendamente refrescante, aunque con un pequeño pero, el exceso de carbonatación.



La segunda, Ayinger Kellerbier, en mi opinión aún mejor que la anterior, con la carbonatación mejor integrada, menos notas a cereal y más a limón, manzana verde y de tipo herbal. En definitiva, una muy buena cerveza, refrescante y adictiva como ella sola.



Otra que nos dejó más que satisfechos fue la Unertl Ursud. Quizás fue el hecho de que hacía cierto tiempo que no probaba una dunkelweizen, o puede que las ansias germanófilas sugestionaran positivamente mi impresión. Sea cual fuere el caso, la verdad es que disfruté muy mucho de ella, más ligera y menos sedosa de lo habitual en el estilo, con un marcado carácter acaramelado y evidentemente tostado, así como un ligero toque cítrico y muy mineral. Un punto curiosa y muy bebible a la par que refrescante.



Y para finalizar, una auténtica joya que ya había probado con anterioridad pero que no dudé en repetir al cruzármela: Kuchlbauer Aloysius. Se trata de una weizenbock magnífica, es más, antes de conocerla todas mis adulaciones hacia ese estilo estaban monopolizadas por la no menos asombrosa Schneider Aventinus (TAP6), pero ésta trigueña oscura y muy sabrosa, con una deliciosa amalgama de notas entre las que destacan el bizcocho, el chocolate y las notas especiadas, ataviada con una etiqueta que en mi opinión no hace honor a su contenido, sin duda se le acerca sin ningún tipo de complejo.



Así que ya sabéis, si os cruzáis con alguna de ellas y os invade el espíritu alemán como a un servidor, os recomiendo encarecidamente que no las dejéis escapar.

¡Prost!

Entrevistas: Manuel Baltasar, Cervecería Freiburg.



Hace unos meses charlábamos con Sven (Drunk Monk), alguien a quien considero un referente ya no solo a nivel cervecero sino también a nivel personal. Pues hoy en el blog me apetece recuperar la sección de las entrevistas con un colega suyo, Manuel Baltasar, más conocido como Manolo, la cabeza más visible de la cervecería Freiburg en L’Hospitalet de Llobregat. Como muchos de vosotros ya sabréis, se trata de una gran persona y cuyo trabajo y dedicación se desprenden desde la barbaridad de referencias con las que trabaja y nos da envidia día a día, a mil y un detalles más cómo pueden ser sus ricos bocadillos o la pasión y la llanura con la que trata a la clientela. Acompañadme, que os aseguro que es bien interesante.


¿Cómo y cuando empezó tu andadura en la cervecería?

Pues todo esto empieza hace unos 16 años cuando el actual Freiburg era una cafetería. Se trasladó y al quedar vacío el local mis jefes deciden salirse del mundo del café y empezar con este proyecto. Fue algo difícil porque todos veníamos del café y esto era nuevo. Aún recuerdo mis comienzos con todas las industriales de siempre…


El año pasado se cumplieron nada más y nada menos que 15 años desde la apertura. ¿Cómo ha ido desarrollándose todo hasta consolidarse en la referencia que es actualmente?

Esto empieza a chutar con el mundo cervecero, hace unos cuatro años aproximadamente. Hasta entonces se conocía poca cosa en Barcelona, a no ser que te pasases por aquellos típicos locales de siempre que solo tenían cerveza belga. Recuerdo que empecé con una alemana de grifo, Warsteiner, y alguna belga, en fin, lo que copiaba por ahí. Hasta que un buen día conocí una cerveza americana que me cambio totalmente la vida y desde ese momento me volví muy atrevido y muy curioso por probarlo todo. Ya me daba igual el país, lo que quería era probar y probar.


¿En todo este tiempo ha habido algún tipo de evolución en las preferencias de tu clientela?

La gente ha ido cambiando y mucho. Hay algo que siempre les digo, que sean atrevidos y prueben, que no pasa nada. La excusa perfecta era que sino me la bebía yo, y vaya si me fue bien…


En la misma línea, ¿cuáles son las cervezas que actualmente tienen más salida en tu local? ¿Botella, barril, alemanas, belgas, americanas, artesanas locales…? ¿Y por el contrario qué tipo de cervezas constituyen un asunto fatigoso de vender?

En estos momentos lo que mas se mueve son las cervezas americanas, por igual en botella y barril, aunque he de reconocer que están entrando muchas cervezas del norte de Europa y tienen mucha aceptación. La verdad que las cervezas que mas me cuesta vender son las de trigo, me sabe mal decirlo pero no es mi estilo y vaya si se nota.


En su día algún pajarito me habló de un récord de tiempo en liquidar un barril de cerveza. ¿Qué nos podrías contar al respecto?

En ese sentido puedo estar muy contento, siempre hay cervezas que la gente adora. Creo recordar que un barril de Pura Pale de Agullons no llegó a los 10 minutos. También ocurre con los de Naparbier, son un éxito y sus barriles vuelan.


Para aquellos que trabajan con cartas de cerveza mucho más reducidas, ¿qué les dirías sobre cómo consigues llevar adelante un repertorio tan colosal?

Pues esto si que es difícil y de verdad. Intento estar siempre informado de lo que sale al mercado y se pueda traer, pero como decía antes soy muy valiente en ese sentido y por eso tengo tantas cosas. Suelo guiarme mucho por mis gustos y eso es algo que he de mirar porque de trigo encuentras dos o tres a lo máximo y en cambio de porter y stouts hay una barbaridad.


Cómo sabrás de leer el blog, considero imprescindible ligar la cerveza con la comida cuando visito cervecerías. No son pocas las veces que me encuentro locales con cartas magníficas para beber pero cuyo pie renqueante es que no ofrecen nada para comer o como mucho algunos aperitivos que no pasan de meras bolsas de patatas fritas. En su día, hablando con un buen amigo que como tú trabaja al “otro” lado de la barra me comentaba que dónde él vive la gente sale a las cervecerías únicamente para beber. En este sentido, ¿cómo lo ves y qué tal os funciona la comida en vuestro bar? ¿Hay mucha gente que se sienta en vuestra barra para beber únicamente?

Esto de tener cosas para acompañar para mi son muy necesarias. Poder tomarte la cerveza que te gusta acompañada de cualquier cosa para picar es lo mejor que hay. En el Freiburg pocos se van sin comer… de eso ya me encargo yo, ¡jajajajajaja!


Vamos con unas cuantas preguntas cortas a nivel personal: ¿Cuál ha sido la evolución, si la ha habido, de tus preferencias? O por ser más concreto, ¿cuál era la cerveza que bebías con asiduidad hace 10 años y cuál es ahora? ¿Me podrías decir una cerveza que exista desde antes de todo este boom que estamos viviendo actualmente que no podrías dejar de beber? ¿Por el contrario algún estilo de cervezas que no puedas con él?

La verdad es que con el tiempo los gustos van cambiando y hay días para todo y según el momento pero recuerdo que me encantaba la Triple Karmeliet y ahora me pierdo por una IPA. Una cerveza que siempre me ha gustado y me sigue gustando es Krombacher y quizás el estilo que menos me gusta son las de trigo, pero con esto no quiero decir que no las tome pero si que es verdad que sólo las pruebo un poco. Supongo que me falta entrar más en ese estilo.


Desde tu posición privilegiada, ¿cómo ves la cerveza artesana que tenemos hoy en día? Nivel medio de las elaboraciones, facilidad de venta…

La pregunta es difícil. Veo que el panorama cervecero ha subido como la espuma, cada vez más y más, cosa que me alegro porque esto es un bien para todos. Lo bueno es que la gente puede probar y comparar pero reconozco que cada vez somos más exigentes con nosotros mismos y hay alguna que te decepciona. Aunque esto último hay que verlo como algo positivo puesto que lo están intentando y cada vez se pueden superar un poco más. El tema de la venta todavía cuesta un poco, quiero pensar que hay veces que el precio les hace comparar y hay es donde las artesanas salen perdiendo. Todavía tenemos esa mentalidad que lo de fuera es mejor.


¿Crees que todo lo que estamos viviendo ha venido para quedarse o temes que pueda ser una moda pasajera?

Estoy convencido de que esto va a más. Esto es un placer para los sentidos y de estas cosas no se puede prescindir. Muchos piensan que es un lujo pero yo lo veo desde otro punto y pienso que como todo lo bueno en la vida hay que disfrutarlo a sorbitos, una buena pinta al día y no 5 quintos en el bar de debajo de tu casa. Creo que todavía queda mucho por venir y será bueno.


Trabajando con tantos elaboradores y distribuidores, incluso conociendo lo que hacen otros colegas tuyos en la hostelería cervecera, ¿cómo ves los precios que se mueven, tanto a nivel consumidor como a nivel hostelería?

El tema de los precios es muy delicado, pero diría que somos un país de pillos y eso se nota y mucho. Está la oferta y la demanda y en eso no nos podemos meter, pero sí que podemos exigir calidad a la hora del almacenamiento, tener información detallada y un servicio, algo que muchos cobran en sus facturas y después no ofrecen.


Relacionado con la pregunta anterior, ¿crees que la cerveza está viviendo al margen de la situación económica que estamos atravesando?

Creo que por desgracia nada hoy en día vive al margen de la situación económica del país. Hay que mirar adelante con optimismo y si te viene un bajón yo recomiendo una buena cerveza, porque otra cosa no podemos hacer.


Cambiando de tercio, en vuestro local tenéis una cerveza propia aunque contratada en las instalaciones de una micro. ¿No te ha picado el gusanillo de la elaboración?

Sí que te pica el gusanillo y de hecho hay por ahí algún proyecto entre tres que tiene muy buena pinta, pero es solo un proyecto. De todos modos reconozco que lo mío es venderla.


Y para terminar, seguro que hay algún pecadillo inconfesable por ahí que nos puedas contar, ya sea alguna cerveza que consumes de forma habitual y que no está tan bien vista como otras o, qué sé yo, alguna mala costumbre relacionada con beber cerveza como hacerlo en vasos de tubo, copas heladas… ¡A confesarse!

¡Jajajajajaja! ¡Qué pícaro! La verdad es que me sabe mal reconocerlo pero soy muy pijo con la cerveza, aunque si que es verdad que muchas veces en la playa por no ir al chiringuito me he inflado de AURUM… no os la recomiendo, ¡jajajaja!



Y esto es todo. Manolo, ya sabes de mi admiración por tu trabajo diario y por conseguir lo que has conseguido. Un placer como siempre y ya estoy deseando visitar de nuevo el Freiburg para tomarme uno de esos bocadillos primorosos acompañados de cualquiera de tus buenas cervezas. ¡Un abrazo y hasta muy pronto!

1er Aniversario Zombier.



Seguramente muchos de vosotros ya conoceréis la noticia por las numerosas actualizaciones aparecidas en las redes sociales pero por si a caso todavía quedaba algún despistado os recuerdo que a finales de éste mes, concretamente durante los días 26 y 27 de octubre, tendrán lugar en el Drunk Monk de Mataró una serie de eventos realmente interesantes coincidiendo con el primer aniversariode Zombier, unas de nuestras tiendas online / distribuidoras.

La fecha y su significado serían poco más que una anécdota de no ser porque más que un cumpleaños entre amigos, que también, los planes apuntan hacia un auténtico festival cervecero a marcar en rojo intenso en el calendario.



En primer lugar se presentarán numerosas cervezas. Por un lado, la conmemorativa de dicho aniversario, la Zombreaker, así como el relanzamiento de Undead, ambas elaboraciones de Naparbier. También se presentará la cerveza que De Molen con la colaboración de Zombier dedican a nuestro mercado, la De Molen Hierba & Tierra, una Imperial IPA elaborada a base de miel y romero.

Pero si a alguno le parecen pocas las anteriores novedades, también tendrá lugar una primicia a nivel mundial, la presentación de una colaboración a cuatro bandas: Alvinne, Haandbryggeriet, Loverbeer y De Molen. En cuanto a la cerveza solo os puedo adelantar que será una cerveza ácida.

A parte de las presentaciones, durante el fin de semana también se podrán disfrutar numerosas novedades y rarezas de cerveceras de sobrado prestigio como:

- Alvinne Picobrowerij (Bélgica): Melchior Bourbon Barrel, Cuvée Freddy y Cuvée d’Erpigny. Asistirá Glenn Castelein.
- De Struise Brouwers (Bélgica): Rio Reserva 2008, Black Berry Albert, Woody Albert, Pombon, Macadame y Madammeke.
- Birrificio Tocalmatto (Italia): Zona Cesarini, B Space Invader y Surfing Hop. Además asistirá el fundador, Bruno Carilli.
- Loverbeer (Italia). Las cervezas de ésta cervecera de Torino aún están por confirmar.
- Haandbryggeriet (Noruega): Dark Force y Union (ésta última es una colaboración con Narke). Asistirá Jens Maudal.
- Lervig Aktiebryggeri (Noruega): @@PA (colaboración con Mikkeller) y Konrads Stout. Asistirá Mike Murphy.
- De Molen Brouwerij (Holanda). Asistirá John Brus.
- Naparbier (Navarra). Asistirán Juan y Josu.

Por todo ello y alguna sorpresa de más nosotros ya tenemos hotel reservado desde hace tiempo por si las moscas…

Solo nos queda darles las gracias por anticipado a Sven del Drunk Monk así como a la gente de la tienda 5 Titius de Olot como evidentemente a Zombier por montar juntos algo tan y tan grande.

P.D. Faltan 23 días 9 horas 28 minutos y 59 segundos... 58, 57...

Mejores cervezas del mes: Septiembre ’12.



Los más atentos seguramente advertiríais que el pasado mes no publicamos el podium de las mejores cervezas, y es que los diferentes post de la Bretaña francesa acapararon el protagonismo del blog por completo a finales de agosto. Así que este mes toca trabajo de concreción y en lugar de juntar las de los dos meses en una misma entrada hemos elegido cinco cervezas y finalizamos con una pequeña recapitulación de las mejores cervezas que probamos en Bretaña.


Para empezar, vamos con una estadounidense con el lúpulo como protagonista, algo que es casi una excepción según he podido comprobar repasando los posts de los meses anteriores. Se trata de Hop Master’s, una “belgian doble IPA” (para los amantes de la friki-taxonomia-cervecil), elaborada por una de mis cerveceras yanquies favoritas, Hoppin’ Frog. Se muestra de color dorado anaranjado, con una turbidez media, por la que ascienden infinidad de burbujas minúsculas hasta formar una espuma abierta pero persistente de color blanquecino. En nariz es una explosión de matices, con notas a fruta tropical (papaya, piña, fruta de la pasión…), naranja y limón, y también algo de heno y resina. Muy sugerente. En boca entra sedosa, con carbonatación de intensidad media pero burbuja pequeña, y dominan las mismas notas a fruta tropical y cítrica ya citadas, lúpulo resinoso y floral sobre una base en la que se perciben las lógicas notas a levadura así como un punto a caramelo y biscuit. Final amargo persistente pero no excesivamente intenso. En definitiva se trata de una cerveza sabrosa, de cuerpo contundente, pero que al mismo tiempo se deja beber bien.



La segunda es una cerveza que me consiguió Fernando “elgolforastitas” (desde aquí le doy enormemente las gracias), la Fullers Past Masters Double stout (otra “doble”…). Posee un aspecto realmente seductor, vestida de negro azabache, totalmente opaca, con una espuma beige prieta y persistente. En nariz es espectacular, con notas a torrefactos, algo de café y una pizca de chocolate negro también, y más de forma secundaria ciruelas pasas y algo de regaliz. En boca entra ligeramente sedosa, con carbonatación fina, con una amalgama de sabores de la que nada despunta ni desentona. Entra cítrica para pasar rápidamente a dar torrefactos de forma más suave que en nariz y muy persistentes. Luego entra en juego el chocolate y el café de forma elegante aportando un ligero amargor. Cuerpo medio y final a frutos secos. Una cerveza excelente, redonda, sabrosa y de entrada sorprendentemente fácil pese a sus nada desdeñables 7,4% de alcohol.



La siguiente, la Rauchstar, es una colaboración entre dos de los gypsiescerveceros con más nombre en la actualidad, Mikkeller y Stillwater. Del primero, Mikkeller, me he encontrado tanto gratas sorpresas como auténticos chascos para el precio elevado de casi todas sus elaboraciones. En cambio, las 5 o 6 elaboraciones que he probado de Stillwater me han dado únicamente alegrías. Así que sabía que no me iba a dejar indiferente. Se muestra con un color marrón oscuro surcado por unos pocos reflejos cobrizos, coronada por una espuma beige compacta y con buena retención. En nariz empieza con un golpe a lúpulo tipo americano, resinoso y en menor medida cítrico, y luego ofrece frutos secos, madera, algo de heno, sobre un fondo con mucha fruta oscura destacando la ciruela negra. Se percibe también un punto ahumado más cercano al bacon que al humo propiamente dicho, pero de una intensidad mucho menor a la esperada (el nombre sugestiona, y mucho). Ya hacia el final se percibe también regaliz negro. Muy curiosa. En boca entra acaramelada, pero rápidamente toman el protagonismo los lúpulos resinosos que aportan un amargor que persiste a lo largo de todo el trago. Aparecen de forma más discreta las notas a humo. Final seco y ligeramente áspero. La sensación de calidez es muy elevada, aportando cierto picor alcohólico que invitan a tragos cortos y la degustación pausada. En conclusión, una cerveza ahumada muy alejada de los clásicos, que no deja indiferente pero en mi opinión bastante interesante.



Tras la parrafada anterior, vamos con la Alvinne Land Van Mortagne, una cerveza a la que le tenía mucho respeto (hay que mentalizarse para afrontar 13,9% de alcohol) pero que tras probarla os recomiendo y mucho. En este caso se muestra con un bonito color caoba con turbidez elevada, espuma beige abundante de bajada lenta que deja un lacing discreto. En nariz es una auténtica sinfonía y de las buenas, con notas vinosas, a madera y vainilla, algo de vinagre, fruta oscura tipo grosella y ciruela, pero también a uva tinta, así como un ligero toque alcohólico mucho más integrado de lo esperado. Muy compleja. En boca entra con una carbonatación elevada que ayuda a facilitar el paso por boca. Ofrece notas a fruta negra dulzona, que también recuerdan a melaza y regaliz, un curioso punto ácido, recuerdos a reducción de vinagre balsámico, así como un punto a chocolate negro amargo. Calidez persistente a lo largo de todo el trago y corpulencia elevada, pero pese a ello no me queda la sensación de una cerveza tosca, empalagosa o cansina, en parte gracias al punto justo de amargor y la citada acidez. Una auténtica gozada.



Y la última, antes del breve resumen bretón, es una de las artesanas que me dejó absolutamente fascinado hace tan solo unos días, la Agullons Edgard, la cual funcionó como maravilloso maridaje para nuestra primera “fiesta carnívora” otoñal. Posee un color anaranjado con algunos reflejos amarillentos, turbidez media y espuma beige de rápida formación y caída lenta. En nariz destaca el lúpulo cítrico, y en menor medida también resinoso. Por detrás aparecen notas a melocotón, confitura de naranja y albaricoque, así como pan y biscuit. En boca entra fluida, con carbonatación media bien integrada, muy afrutada, con notas cítricas y un punto ásperas hacia el final, con limón, ciruela amarilla y níspero. De fondo, un punto resinoso, a levadura y frutos secos. Como si te estuvieras comiendo un bizcocho líquido de frutas frescas y confitadas, espolvoreado por algunos frutos secos. Hasta el momento mi admiración hacia las manos de Carlos se centraban especialmente en su Setembre, pero ahora el gozo lo comparte esta pale ale monovarietal de Cascade que podría tomar hasta el infinito sin cansarme. Sencillamente maravillosa.



Y para finalizar el post, a todo el que vaya a la Bretaña francesa le recomendaría que no se perdiese:
- Las muchas y muy ricas stout que por allí elaboran: Philomenn, Penhors, Dremmwel, Lancelot Telenn Du
- Lancelot Cervoise. Una cerveza de gran nivel elaborada a base de plantas y hierbas (no se sabe cuales ya que la receta es secreta) inspirada en las antiguas cervoise en las cuales no se usaba lúpulo.
- Tri Martolod Rousse: una demostración magistral de cómo juntar lúpulos de última generación con otros más tradicionales y que además la cerveza no sepa únicamente a lúpulo.
- Tomarse las diferentes ales británicasen la micro Les Fous, tiradas en hand-pump. Una gozada. En botella, quizás demasiado carbonatadas.

Mi corta pero intensa evolución cervecera.



En su momento el compañero Max me sorprendió muy gratamente con un post en el que mostraba sin tapujos cual había sido su evolución en este maravilloso mundo de la cerveza. Me pareció una reflexión muy interesante y de la cual se podrían extraer buena cantidad de conclusiones así que pensé en hacer lo mismo sin más pretensiones que compartir una introspección en voz alta. Vamos pues allá.


La verdad es que me hubiera gustado decir que empecé a tomar cerveza desde bien pronto, casi como un sustituto de la leche materna, pero no. Mis primeros contactos con nuestra querida fermentada de cebada fueron tarde, muy tarde, a pesar de estar rodeado de amigos y familiares que la tomaban a diario. Por una razón que sigo sin comprender mi paladar no hacía muy buenas migas con el sabor áspero y amargo de los botellines de Aguila-Amstel, San Miguel o Damm (Mahou, por aquella vieja manía de los valencianos hacia todo lo que viene desde Madrid, no entraba en casa de mis padres). Así que como mucho me atrevía de tanto en tanto con algunas refrescantes claras (cerveza con gaseosa… sí, lo confieso…).

Finalizando la adolescencia, momento en el que muchos decantamos nuestras preferencias por algo líquido (y alcohólico), elegí el vino. Y rápidamente empecé a sumergirme más y más en ese universo: variedades de uva, denominaciones, terroirs, bodegas, coupages… Algo fascinante a pesar del aura snob y en ocasiones algo pedante que rodea a todo este mundo. Pero llegó el boom y con él se multiplicaron los vinos “corrientes” con etiqueta de corte moderno y a precio de oro, el número de catas y con ellas los “entendidos” (ya me entendéis...), las enotecas y vinotecas, los libros, artículos y monográficos en periódicos y revistas, más libros… En fin, que me harté un poco de todo ello y preferí apartarme de esa burbuja, siendo la pasión por un lado y la curiosidad por desgranar el contenido del vaso por otro, lo que trasladé a la cerveza, que ya me gustaba.

Por esa época la cerveza la consideraba poco más que una simple excusa para juntarme con amigos, colegas o familiares, sobretodo como aperitivo, y en ningún momento profundicé más allá de las premium lagers comerciales de aquí. Hasta que de repente un día mis papilas quedaron absolutamente fascinadas con la Voll Damm, cerveza que durante mucho tiempo fue prácticamente la única opción que elegía al salir. Y lógicamente, a raíz de la conocida “doble malta” (por cierto, estrategia de venta muy exitosa, estemos o no de acuerdo con su significado), empecé a buscar más allá: Alhambra Reserva, Mezquita, entre otras cervezas que ofrecían algo más que el resto de clones. Además, como buen coleccionista, me hizo gracia empezar a guardar las botellas de las cervezas que bebía. Y así, con una excusa más, seguí buscando y probando.

 Cuantos buenos momentos me dio ésta cerveza...

Así vinieron las cervezas que encontraba en hípers y súpers (en ese sentido es de destacar la vasta oferta que por aquellos entonces tenían los hípers de la conocida cadena de almacenes del triangulito verde), las weizen alemanas (que rápidamente pasaron a convertirse en mis cervezas favoritas…), alguna que otra belga y muchas lagers. Cuando se me quedó corto tal repertorio empecé a buscar por las tiendas de productos foráneos, y cuando parecía que se terminaban las posibilidades, de repente y como caída del cielo en una de esas búsquedas por la red me topé con un edén muy próximo a mi casa: la Cerveseria Quintana.

Y es que hace no demasiado, encontrarse dos neveras de cuerpo entero no era lo más habitual, y menos aún en un pueblo de poco más de 5000 habitantes situado a más de media hora en coche de la capital del Turia. Que si el aura que rodea a las cervezas trapenses, el curioso sabor de la Rodenbach o la Duchese de Bourgogne, el lúpulo de la Hommelbier, dos grandes teutonas como Schneider Aventinus (ahora TAP6) y Weihenstephaner Vitus, el vaso de la Kwak, las curiosas botellas blancas de Delirium Tremens y Gulden Draak… Aquel vergel de perdición líquida con casi 100 referencias parecía interminable y, no nos olvidemos, estaba repleto de etiquetas en continua rotación… ;-)

  Pasan los años y éstas alemanas siguen entre mis favoritas.


Con el tiempo, lógicamente las neveras fueron quedándose pequeñas y empecé a repetir, pero también a buscar más allá para saciar mi creciente avidez. Fue entonces cuando aparecieron en mi vida las tiendas online. ¡Eso sí que fue una perdición! Una barbaridad de cervezas a unos pocos clicks de casa…

Por esas alturas las cervezas belgas acaparaban mis preferencias. Dulzonas, especiadas, corpulentas y un tanto alcohólicas (en algunos casos demasiado), pero las veneraba. Por el contrario no podía con las cervezas británicas (aunque tampoco había probado tantas como para afirmar algo de forma tan taxativa), especialmente las stout (cuanto daño hace la Guinness y sobretodo quienes la regentan en este sentido…). Pero con eso de ir probando más y más les fui pillando la gracia (muy poco a poco, eso sí) y también a las cervezas con el lúpulo como protagonista (no sabría decir si lo primero llevó a lo segundo o viceversa). Con esta florecilla fue casi como un amor a primera vista. Flechazo rápido y a pesar de algunos encontronazos, extremos en algunos casos, caí perdidamente enamorado de sus virtudes. IPAs, doble IPAs, que si yanquies, británicas, belgas, nórdicas… Un mundo en sí mismo.



Y casi sin pensarlo me embarqué en esto de los blogs cerveceros, muy virgen y sin las ideas muy claras aún, pero con mucha ilusión y con unas ganas enormes de aprender cada día un poquito más.

Pero volviendo a la cerveza, llegó un momento en el que me di cuenta de que las stout, y más aún las imperial stout, se habían cruzado unas cuantas veces de forma satisfactoria en mi camino, así que empecé a profundizar. En este sentido hubo un nombre que me abrió los ojos de la perversión “petrólea”, la Nogne Imp. Stout, una cerveza mayúscula. Luego vinieron todas las demás, que si pasos por barrica, rarezas con ingredientes como café, chocolate o chiles… pero aquella botella ataviada con la etiqueta de la O rayada en color azul nunca se me olvidará.


 
Por esas alturas una de las cuentas pendientes seguían siendo las cervezas espontáneas ya que desgraciadamente por aquellos entonces no existía la disponibilidad actual para elegir, y como mucho nos teníamos que conformar con alguna de las copias adulteradas de las megacerveceras belgas. Hasta que un día cayó en mis manos una Cantillon, concretamente la Gueuze (¿qué mejor manera de desvirgarse, no?), algo que tanto y tanto tiempo había estado esperando, temiendo que lo más probable es que no me gustara como a tantísima gente antes. Pero fue acercarme la copa y ese elixir acre me enamoró casi con solo olerla, más aún que el mundo del lúpulo en su día. Así que fueron desfilando por mi paladar una tras otra, que si gueuzes, lambics de frutas, sour ales y rarezas varias, quedando cada vez más atrapado entre las ácidas fauces de este mundo. Además, y por si no estaba ya bastante seguro de mi amor por las espontáneas, el magnífico viaje a Bélgica de hace aproximadamente un año ahondó más si cabe esa pasión.



Cuántas más cervezas probaba, más quería conocer, y así, buscando incansablemente, llegaron dos maravillosas revelaciones que me marcaron un antes y un después: Schlenkerla Märzen así como Urbock. Mucho había leído al respecto por lo que les tenía verdadero pánico a esas granadas de humo alemanas, pero más que una experiencia negativa fueron la confirmación de que lo mío es ir contracorriente. Al igual que las espontáneas, las rauchbier y las cervezas ahumadas en general fueron un flechazo que dura hasta hoy en día.



Lo siguiente, muy reciente pero aún así no sabría decir el cuando ni exactamente el porqué, fue darme cuenta de que me había vuelto un apasionado por las cervezas británicas, y en menor medida, de las alemanas menos rimbombantes. Quizás fuera consecuencia de hartarme de las cervezas extremas y/o descompensadas, con mucho alcohol, lúpulo o dulzor… O por decirlo de una forma más romántica, algo así cómo quien anda por un camino tortuoso, un tanto perdido y desorientado, y de repente ve la luz con algo aparentemente tan sencillo y que le llena por completo.

 Por qué pocas cosas cambiaría una pinta de una buena ale británica...


Seguramente os habréis percatado de que en todo este recorrido cervecero personal faltan las cervezas artesanas locales. Pues si no me falla la memoria las probé por primera vez más o menos por la misma época en que conocí las tiendas online y tengo que reconocer que me ilusioné irracional y desaforadamente: tanta oferta y de tantos lugares… Pero fue pasando el tiempo, y con éste la cartera fue menguando, y fui quedando más y más decepcionado, con excepciones muy contadas. Una frase que quizás encajaría con la sensación que tenía podría ser: “bueno, no está mal, tampoco es ninguna cosa del otro mundo pero para lo que cuesta…”. Así que llegó un momento en el que no quería ver las artesanas ni en pintura. Seguían saliendo como setas en otoño, casi de forma exponencial, y lo poco que probaba no me decía mucho más que todo lo anterior. Pero hace un año o así empecé a ver la luz al final del túnel y de un mundo en el que parecía primar la homogeneidad y un nivel de aprobado raspado (siendo muy benevolente), pasé a encontrar elaboraciones que se desmarcaban con una creciente calidad. Así que volví a meterme en el ajo, pero cuando aún no había ni tomado aire vinieron las ediciones especiales, las colaboraciones y demás denominaciones que en el fondo (y salvando unas cuantas excepciones, que las hay y muy buenas…) no eran más que elaboraciones algo más especiales a un precio sustancialmente superior. Así que por efecto rebote me volví a alejar, esta vez más ilusionado y confiado por ver cómo se iban haciendo mejor las cosas, pero más exigente si cabe y dejando de lado viejos arrebatos.


Y de este modo llegamos a la actualidad, momento en el que casi sin darme cuenta me he convertido en uno de los veteranos en esto de los blogs cerveceros (aunque en el fondo sigo siendo el mismo pipiolo que empezó con algunos conocimientos más), gozando de un abanico gigantesco de posibilidades, con un panorama verdaderamente ilusionante, con decenas de tiendas físicas, online y bares que ni en los mejores sueños hubiera imaginado, pero buscando la sencillez y las cosas bien hechas en lugar de tanto experimento, que de tanto abusar terminan por cansar hasta el beerhunter más inconformista.

Y para cerrar un post tan personal no podía sino hacerlo brindando y compartiendo alguna de esas cervezas clásicas que en su momento me enamoraron y nunca me canso de repetir: Orval, Rochefort 10, Chimay azul o Schneider TAP6. Y de fondo, sonando una de mis canciones favoritas de Warcry (sí, soy puro corazón metalero).


¡Prost, amigos!

* Todas las fotos tienen sus respectivos derechos de autor.

Oktoberfest sí… en líquido o en etiquetas.



No sé cual es vuestra opinión sobre la Oktoberfest, festividad muniquesa que empieza este próximo sábado día 22 y que genera sensaciones contrapuestas a partes iguales. En mi caso, tras asistir a varias de esas macro-celebraciones por el territorio peninsular, muchas de ellas auténticos clones a la baja, poco fidedignas y atiborradas de gente, este año me he propuesto abstenerme de visitar ninguna de ellas. Tengo varias cervezas alemanas por la despensa, eso sí, ni märzens ni oktoberfestbier cómo mandaría la tradición, tampoco ninguna rareza o extravagancia, pero con ellas pienso hacer un homenaje a una fiesta que de por si me parece muy interesante, pese a que algunos se empeñen únicamente en destacar la cantidad de maß consumidas en tan pocos días, los kilos de carne de cerdo devorada o la estratosférica cifra de basura generada por los millones de visitantes al alza año tras año. Sí, me he quedado bien a gusto… ;).

Seguramente sepáis que las Oktoberfestbier únicamente la pueden elaborar 6 fábricas (Augustiner, Löwenbräu, Hacker Pschorr, Hofbräu, Spaten y Paulaner) que están situadas dentro de los límites de la ciudad de Munich, al menos con ese nombre en la etiqueta, pero son numerosas las cerveceras tanto bávaras como alemanas, e incluso de otros países, que elaboran sus versiones.

 Carteles sacados de aquí.

En cuanto a su contenido, las Oktoberfestbiertienen su origen en las märzen, las cuales como indica su nombre se elaboraban recién empezada la primavera, en el mes de marzo. Y es que antiguamente, cuando los métodos de refrigerado se limitaban a cuevas con hielo o bodegas bajo tierra, el mes de marzo señalaba el fin de la temporada de elaboración de cerveza para evitar que las altas temperaturas y las posibles infecciones mandaran al traste toda la producción. Tras un tiempo de guarda, estas märzens se consumían a finales de verano y los excedentes aguantaban como mucho hasta octubre, momento en el que debían dejar de ocupar los barriles para que fueran llenados con las nuevas elaboraciones producidas a principios de otoño.

Así que casi sin quererlo nacieron las Oktoberfestbier, märzens en origen pero con más tiempo de reposo, con los consiguientes cambios a todos los niveles. Por desgracia, en la actualidad estas cervezas de precioso color ámbar profundo, marcado carácter maltoso en nariz y en boca, y final limpio y nada empalagoso, han ido quedando en prácticamente una anécdota ya que es su prima rubia y más ligera, la Helles, la que acapara la mayor parte del protagonismo en las jarras de la citada fiesta.

Foto de unas apetecibles oktoberfestbier. Tomada de aquí.

A continuación, como adelantaba en el título y así de paso recupero la sección de las etiquetas, os dejo unas muestras especialmente creadas para dichas cervezas. Algunas de ellas son auténticas obras de arte. Eso sí, prepararos para una buena sesión de dirndls y de banderas bávaras ;).



 Para empezar, arriba tenéis las citadas muniquesas. Abajo, una comparativa de las etiquetas de Left Hand, la anterior y la última versión.



 
 
No me negaréis que es bien curioso ver la rana de Hoppin Frog, el ganso de Goose Island, el extraño bichejo de Duck-Rabbit o incluso las pirámides de Pyramid Brewing ataviadas con la simbología de la Oktoberfest.

 



Sobre estas líneas, Stevens Point y Penn Brewery, más clásicas pero también muy bonitas. Abajo, una curiosa versión inglesa, de Ascot Ales.


 
Arriba, no por conocida deja de ser una pasada esta versión de Flying Dog ilustrada por el inconfundible Ralph Steadman. Abajo, desde Magic Hat Brewing nos llega esta Hex, con un aire ciertamente negro.



 Arriba, la versión de la prestigiosa Avery, rompiendo la monotonía colorista. Abajo, hasta los suecos de Oppigards se apuntan al poder blanquiazul…



Para los que os sepa a poco este post y queráis conocer más sobre la fiesta aquí os dejo el enlace del post que el amigo JAB publicó el año pasado más o menos por estas fechas. Como siempre, muy detallado y rebosante de interesantes detalles.

¡Prost!